• La lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria

    En 2000, el SIDA, la tuberculosis y la malaria juntas mataron aproximadamente a 6 millones de personas. En 2002, la devastación producida en países y comunidades llevó a la creación del Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria.

    El concepto era simple: las comunidades y los países ya saben lo que se debe hacer. El papel del Fondo Mundial consiste en proporcionar el apoyo financiero necesario para hacerlo posible. Como una institución financiera del siglo XXI, el Fondo Mundial apoya programas de prevención, tratamiento y atención eficaces y se asegura de que el dinero recibido apoye efectivamente a los hombres, mujeres y niños afectados por el SIDA, la tuberculosis y la malaria.

    Poco más de una década después, estamos asistiendo a una repercusión significativa sobre las tres enfermedades. En 2012, el número de muertes relacionadas con estas tres enfermedades había disminuido en un 40%.

    Pero aún estamos muy lejos de eliminar a estas tres enfermedades como amenazas para la salud pública. Con el acceso al tratamiento, millones de personas seropositivas llevan vidas saludables y productivas. Y, sin embargo, una de cada dos personas que viven con el VIH ignora su estado serológico.

    La tuberculosis, otrora una enfermedad olvidada, ha vuelto a manifestarse con la propagación del VIH y representa la causa principal de muerte para aquellas personas que viven con el SIDA. Más preocupante aún es el rápido aumento de las cepas multirresistentes de las enfermedades.

    Y aunque en la última década se ha introducido un tratamiento altamente eficaz para combatir la malaria, estamos empezando a ver focos de resistencia a esta nueva generación de medicamentos así como resistencia a los insecticidas utilizados para proteger a las familias de la enfermedad.

    El SIDA, la tuberculosis y la malaria siguen entre nosotros, y todavía representan una amenaza para la salud pública mundial. Tenemos las herramientas, tenemos los conocimientos, pero no debemos permitir que decaigan los esfuerzos destinados a combatir estas enfermedades. El mundo se encuentra en un punto de inflexión: si no derrotamos a las tres enfermedades ahora, corremos el riesgo de que vuelvan a resurgir en formas nuevas y más potentes que no podremos combatir con las herramientas de que disponemos. Debemos hacer todo lo que podamos para acabar con el SIDA, la tuberculosis y la malaria como epidemias.