La epidemia mundial de malaria
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La malaria, una de las enfermedades tropicales más comunes y graves del mundo, es una infección por protozoos que se transmite al hombre a través de ciertas clases de mosquitos. [1]
Cada año, la malaria causa como mínimo un millón de defunciones, aparte de otros 300-500 millones de casos clínicos, la mayoría ellos en los países más pobres del mundo.
Más del 41% de la población mundial corre riesgo de contraer la malaria, y ese porcentaje aumenta cada año debido al deterioro de los sistemas sanitarios, la resistencia creciente a fármacos e insecticidas, los cambios climáticos y los conflictos armados.
Entre los grupos de alto riesgo figuran los niños, mujeres embarazadas, viajeros, refugiados, personas desplazadas y jornaleros que van a trabajar a zonas endémicas. [2]
Impacto regional
La malaria es prevalente en un total de 105 países y territorios. Según la división regional de la OMS, la enfermedad afecta gravemente a 45 países de África, 21 de las Américas, seis de Europa, 14 del Mediterráneo Oriental, nueve de Asia Sudoriental y 10 del Pacífico Occidental.[3]
El 90% de las defunciones por malaria corresponde a África subsahariana. En esa región, la enfermedad se cobra unas tres mil vidas diarias, en la mayoría de los casos, niños.[4]
Aproximadamente el 6% de los casos de malaria se produce en el Asia meridional y sudoriental, México, Brasil, Haití, República Dominicana, América Central y del Sur, Papúa-Nueva Guinea, Vanuatu y las islas Salomón.
Impacto social, económico y sobre el desarrollo
La malaria agudiza la pobreza al reducir significativamente la productividad y la estabilidad social.
Las poblaciones rurales e indigentes soportan la carga más pesada de la malaria, ya que su acceso a un tratamiento eficaz es sumamente limitado. En las zonas rurales, las tasas de infección son máximas durante la estación lluviosa, una época de actividad agrícola intensa. Las investigaciones indican que las familias afectadas por la malaria obtienen una cosecha un 60% inferior a la de otras familias.[5]
En las regiones tropicales y subtropicales de todo el mundo, la infección por malaria durante el embarazo constituye un problema importante de salud pública. En la mayoría de las zonas endémicas, las mujeres constituyen el principal grupo adulto en situación de riesgo.[6]
Se ha calculado que la malaria cuesta a África más de US$ 12.000 millones anuales en pérdidas en el PIB, a pesar de que la enfermedad podría controlarse con una fracción de esa cifra. [7]
Prevención y atención
El tratamiento rápido y eficaz de la malaria, que puede reducir las tasas de mortalidad en un 50%, debería formar parte de la atención maternoinfantil sistemática.
La pulverización de insecticidas, los mosquiteros y otras medidas rentables pueden ayudar a prevenir la malaria. En la actualidad, sólo el 2% de los niños de África duerme bajo una red impregnada con insecticida.
En algunas zonas, los parásitos de la malaria han desarrollado resistencia a los fármacos más comunes y baratos que se utilizan para tratar la enfermedad. Sin embargo, la resistencia al tratamiento puede retardarse empleando terapias que combinen diferentes medicaciones.
Según el informe de la Comisión de Macroeconomía y Salud, se necesitarán hasta US$ 2.000 millones cada año para alcanzar el objetivo de reducir a la mitad la mortalidad de la malaria en 2010. En la actualidad, sólo se están gastando US$ 600 millones.
1 "Malaria Fact Sheet", Organización Mundial de la Salud, octubre de 1998.
2 Ibid.
3 Ibid.
4 Ibid.
5 Ibid.
6 Hoja informativa de Roll Back Malaria, "Malaria in Pregnancy", 2003.
7 "Malaria Fact Sheet", Organización Mundial de la Salud, octubre de 1998.



