Haiti - Jonas Bendiksen

Jonas Bendiksen pasó mayormente su tiempo en la Meseta Central de Haití. Haití cuenta con la carga de VIH más alta del hemisferio occidental. Aunque es uno de los países más pobres del mundo, azotado por la violencia y la inestabilidad, Haití progresa continuamente en el suministro de terapia antirretroviral. Pese a los enormes desafíos logísticos, los “accompagnateurs” (socios acompañantes en el tratamiento) caminan a menudo durante horas, dos veces diarias, para asegurarse de que los pacientes que se encuentran bajo su cuidado tomen sus medicinas a la hora indicada.
Cuando Marie Sonie St. Louis, de 33 años, buscó ayuda, su sistema inmunológico estaba totalmente colapsado y se creía que le quedaba una semana de vida. Ya no podía trabajar de vendedora de cosméticos en Puerto Príncipe y regresó a la granja de su familia. “Se me rompió el corazón cuando supe que era seropositiva”, dijo. “Pensé que estaba perdida. Pensé que iba a morir”. Desde que empezó el tratamiento antirretroviral, engordó notablemente, su anemia desapareció y ha vuelto a ayudar en su hogar.
Marie-Thérèse Noël, de 41 años, vivía en Puerto Príncipe cuando se enfermó. Madre soltera de tres, Marie-Thérèse ya no pudo mandar a la escuela a su hija menor, Manuela, de 7 años. “No sé lo que me ocurrirá el próximo año, pero sé que seguiré tomando mis píldoras”, le dijo a Jonas Bendiksen cuando éste la visitó por primera vez. Marie-Thérèse continuó con fuertes diarreas y anemia después de iniciar el tratamiento y murió seis semanas después. Manuela fue a vivir a la casa de una prima, con la esperanza de regresar a la escuela.
Relnel Chery, de 38 años, en su pasado un musculoso camionero de Puerto Príncipe y sus alrededores, regresó a su hogar rural con su esposa, Claudette, y su hija recién nacida, Rejika, cuando se enfermó. Había adelgazado y sentía fuertes dolores en los pies. “No estoy listo para morir”, dijo al empezar el tratamiento antirretroviral. “Estoy listo para vivir”. Respondió bien al tratamiento y su sistema inmunológico se recuperó, pero pese a ello, su salud se deterioró rápidamente y los médicos no pudieron determinar la causa. Relnel murió por causas desconocidas después de seis meses de tratamiento antirretroviral.
Autha Adolph, de 26 años, cree que su infección de VIH la destinó a regresar con su familia en el remoto interior de Haití, donde vive ahora con su hermano, la esposa de éste y los seis hijos de ambos. Autha estaba tan enferma al empezar el tratamiento antirretroviral que los médicos dudaban que sobreviviera más de unos cuantos días. Después de más de dos meses de cuidados en el hospital, su recuperación fue notable. A medida que recupera fuerza y energía, piensa regresar a casa de sus padres para ayudarlos en su granja y para cuidarlos. “Estoy acá y Dios no me dio un recibo diciéndome cuanto tiempo me queda de vida, pero sigo aquí”.


