Mali - Paolo Pellegrin

Paolo Pellegrin descubrió que en Mali el estigma contra el VIH sigue siendo tan marcado que muchas personas rehúsan fotografiarse en exteriores. Aunque el reto de prevenir la transmisión se agrava debido a una tradición de matrimonios polígamos, los esfuerzos para prevenir y tratar el SIDA aumentan rápidamente. Vivir fuera de la capital de Bamako ya no constituye un obstáculo dado que los centros de salud están ahora en condiciones de ofrecer pruebas y tratamiento antirretroviral gratuitos en todo el país.
Ousmane Sow de 32 años, trabajaba en un garaje cerca del pueblo de Kayes cuando ya muy enfermo viajó a Bamako para que su madre lo cuidara. Le era difícil aceptar su estatus y por eso sólo regresó a la clínica en busca de tratamiento tres meses después, estando ya muy grave. Empezó el tratamiento antirretroviral demasiado tarde. “No tuvo la oportunidad de curarse”, le dijo la madre de Ousmane a Pellegrin cuando éste regresó. “Veo a personas que se curan. No esperaba que él muriera. Pero ése fue su destino; ésa fue la voluntad de Dios”.
Massaman Keïta, 31, and Fatoumata Camara, 20, married five years ago, and made their living farming. Both HIV-positive and too weak to work, they left their rural village for Bamako to be treated. "We are the first case in our family. In our village, there are quite a lot of people who have it but they are hiding it, like we are," Massaman says. They began antiretroviral treatment together and both have thrived. "I feel like I was awakened from the dead," Massaman says. "I never imagined that I could be how I am today."
Kassi Keïta, de 3 años, estuvo enfermo 18 meses antes de que se le diagnosticara seropositivo. Su madre Mariam Dembélé de 31 años, también recibe tratamiento contra el SIDA. Tiene otros dos hijos y lucha para mantenerse con su sueldo de contadora de impuestos para el gobierno. Mariam se siente animada por lo bien que Kassi ha respondido al tratamiento. “Un día Kassi vio un triciclo y dijo, ‘Mamá, ¿me compras una bicicleta? Puedo manejarla’. Se subió en la bicicleta y empezó a jugar con sus primos hasta el anochecer. Eso me hizo muy feliz”.
Fatoumata Moro de 26 años, es una de varias mujeres en un matrimonio polígamo. Temerosa de decirle a su marido que sus pruebas fueron positivas, Fatoumata nunca regresó al centro para empezar el tratamiento. Su médico dice que tiene pocas probabilidades de sobrevivir sin tratamiento. "Es difícil para pacientes que enfrentan la situación de Fatoumata porque la confianza no es inmediata durante el primer contacto”, dice el Dr. Fodé Diallo. “Por lo general, los pacientes nos dan su número de teléfono o dirección correctos sólo después de la segunda o tercer consulta”.
Téné Kané de 33 años quedó viuda hace 12 años, probablemente porque su marido tenía SIDA. En un principio Téné no le dijo a su familia que era seropositiva pero luego decidió: “Les voy a decir la verdad. No es fácil, pero se la diré de todas maneras”. Téné tiene una hija, Djénéba de 8 años, a quien no ha visto desde el 2004 debido a la falta de dinero. Actualmente, Téné lidera actividades en una asociación para personas que viven con VIH/SIDA, y en su lucha contra el estigma de esta enfermedad no oculta su estatus.
Fatoumata Yébessé de 35 años vive en una aldea de la tribu Dogon en Mali. Embarazada de su segundo bebé y con una prueba positiva, recibía tratamiento para prevenir la transmisión del VIH a su bebé. Estuvo casada una vez, pero tanto su primer marido como su bebé murieron. Como esperaba que su nuevo marido la rechazara, mantuvo en secreto su estatus de VIH, confiando únicamente en su hermana mayor.


