Rusia – Alex Majoli

Alex Majoli descubrió que en San Petersburgo —una de las ciudades rusas que ofrecen amplio tratamiento antirretroviral — el tratamiento es efectivo pero a menudo sólo aborda una parte del problema. El uso de drogas y alcohol ha causado terribles estragos entre los jóvenes. Las cuatro personas que Majoli fotografió se infectaron con agujas compartidas. “El VIH en Rusia es una enfermedad cuya causa radica en la intranquilidad social y la depresión económica”, dice la Dra. Olga Leonova del Centro para el SIDA en San Petersburgo. “Queda mucho por hacer para resolver los problemas sociales de esas personas. Y hay que hacer algo para frenar el uso de drogas inyectables. La gente joven sigue muriendo”.
Igor Tereshenko de 24 años; Dmitry Smirnov, de 34 años; y Alexey Smirnov, de 26 años (sin parentesco), vieron desplomarse sus vidas cuando el alcohol y el abuso de drogas mataron a sus amigos, fueron la causa de que abandonaran la escuela para trabajar, y los infectaran con VIH. Los tres iniciaron el tratamiento antirretroviral demasiado tarde.
Dmitry murió de una hemorragia varias semanas después de iniciar el tratamiento. “Los jóvenes como mi hijo, que estaban acostumbrados a vivir en la Unión Soviética, que nacieron en la Unión Soviética, presenciaron el colapso del sistema y fueron perdiendo la esperanza en el futuro… y perdieron su sistema de valores”, dijo la madre de Dmitry. “Por estas razones eran propensos a las drogas ilícitas. Y así fue como comenzó; y el problema sigue creciendo. Ése es el problema principal que ha dado lugar a un alto predominio del VIH”.
Alexey murió por intoxicación etílica seis semanas después de iniciar el tratamiento. “Nadie se interesaba por su vida, su salud y su bienestar”, dijo su médico. “Creo que Alexey murió porque estaba demasiado deprimido. En sus ojos, no tenía vida. Creo que para él, la vida había perdido sentido”.
Cuando Oksana Nikandrova, de 29 años, recibió el diagnóstico estaba “al borde del suicidio”. Contaba con el apoyo de German, un amigo que se encontraba bajo tratamiento; pero, como explicó, “Así y todo, estaba desesperada… me sentía destruida”. Oksana recibió su diagnóstico suficientemente temprano para iniciar tratamiento
antes de caer demasiado enferma. Ahora puede dedicarse a criar a su hijo, Sergei. Oksana sigue siendo cautelosa en vista del estigma continuo en Rusia. “Uno nunca sabe cómo reaccionará la gente. No quiero que nadie en mi trabajo sepa que estoy infectada con VIH. Tampoco quiero esta compasión innecesaria”.


