Sudáfrica - Larry Towell

Larry Towell visitó Suazilandia y Sudáfrica, la región del mundo más golpeada por el VIH/SIDA. Sudáfrica tiene el mayor número de personas infectadas en el mundo. Al igual que en gran parte del África subsahariana, la cara del SIDA es mayormente una cara femenina. Las mujeres sudafricanas tienen una probabilidad tres veces mayor de infectarse que los hombres. El estigma y el tabú hacen que muchos sudafricanos no quieran ni siquiera mencionar al SIDA, y menos hacerse las pruebas de VIH o buscar tratamiento. El gobierno ofrece amplios programas de tratamiento lo cual contribuye a que empiecen a reducirse el miedo y el estigma asociados con el SIDA.
Litho Nyanda de 19 años es una de cinco hijos y vive con su familia en uno de los barrios más pobres del municipio de Gugulethu, cerca de Ciudad del Cabo. Litho era una estudiante prometedora hasta que enfermó de tuberculosis y de otras afecciones relacionadas con el SIDA como para permanecer en la escuela. Cuando Litho inició el tratamiento contra el SIDA estaba esquelética y en una silla de ruedas, demasiado débil para ponerse de pie, y padecía de terribles dolores en los pies por daños en los nervios. Cuatro meses después, Litho sigue delgada, pero ha recuperado las fuerzas y también la capacidad de atender a su familia. “Trabaja, cocina, limpia la casa”, dice su madre. “Estoy realmente contenta”.
Ntombizandile Mati de 25 años, es una madre soltera con dos hijos que vive con su abuela, su prima Miselwa, y un tío en el municipio de Khayelitsha en el Cabo. Miselwa gana dinero con un salón de belleza improvisado en la sala de estar de su casa. Ntombizandile descubrió que era seropositiva durante su segundo embarazo. Su novio no quiere hacerse la prueba de VIH. Después de cuatro meses de tratamiento, Ntombizandile había recuperado sus fuerzas y cuidaba a su hijo menor.
Bulelwa Kota de 24 años vive en una pequeña casa de cartón en Gugulethu con su pareja, Thembisile, y su hijo de 3 años. Cuando Larry Towell los conoció, Thembisile y Bulelwa estaban sin trabajo y luchaban por ganar lo suficiente para vivir. Cuatro meses más tarde, Thembisile trabaja en una fábrica de vidrios y Bulelwa tiene confianza en su salud. "El asesor sobre temas de SIDA dijo que si yo no revelo mi estatus de VIH, ello obstaculizará mi camino a la felicidad. No debo ‘proteger’ a las personas que me quieren negándome a hablar sobre el SIDA". Thembisile es seronegativo, pero no usa preservativos porque teme que Bulelwa piense que él no está consagrado a ella.
Akhona Sam de 27 años vive en Phillipi, cerca de Ciudad del Cabo, y durante un examen rutinario en el octavo mes de su embarazo, dio positivo en la prueba de VIH. Akhona inició su tratamiento inmediatamente para tratar de prevenir la transmisión del virus a su bebé. Cuatro meses después, Akhona había dado a luz a un varón, Lutho, pero “todavía no estaba lista” para que le hicieran la prueba a él. “No quiero que mi niño esté bajo tratamiento. Simplemente quiero que mi hijo sea negativo”. Akhona se siente muy afligida por no tener trabajo y todavía lucha por aceptar que es seropositiva.


