Suazilandia - Larry Towell

Larry Towell visitó Suazilandia y Sudáfrica, la región del mundo más golpeada por el VIH/SIDA. Suazilandia tiene la tasa más alta de infección de VIH del mundo: uno de cada cuatro adultos están infectados (una de cada tres mujeres). Gran parte de la población suazi trabaja en Sudáfrica, lo que fomenta la epidemia. Se calcula que 110.000 niños han perdido a sus padres debido al SIDA. El VIH/SIDA impacta todo aspecto de la vida en Suazilandia, aunque el estigma y los tabúes continúan siendo un elemento disuasorio para prevenir y para hacerse la prueba del VIH.
Tobha Nzima de 35 años vive en una propiedad agrícola cerca de Mbabane, la capital de Suazilandia, y trabaja de ayudante en el servicio doméstico. Tobha perdió dos parejas, víctimas del SIDA, con quienes tuvo largas relaciones. Tobha se hizo la prueba del VIH sólo después de la muerte de su hijo de 8 años. Tobha confía en que el tratamiento puede dar resultado porque varios miembros de su familia ya lo han comenzado. “Aunque te descubran la enfermedad, vivirás, la vida seguirá su curso”. Su hija de 16 años, Nokwanda, también está bajo tratamiento. Su hijo de 5 años, Ndududzo, es seronegativo.
Siphiwe Tfumbatsi de 35 años, y Themba Matabela de 38, jardinero, viven en las afueras de Mbabane. Siphiwe supo que era seropositiva cuando a Tenele, su hijo de 2 años, se le diagnosticó de bebé. Tenele inició su tratamiento cuando tenía 1 año, y Khaya de 4 años, empezó durante la primera visita de Larry Towell. "Desde que recibieron este tratamiento", dice Themba, "no hemos ido al hospital. Ninguno de ellos ha estado enfermo". Siphiwe empezó su tratamiento unos meses antes, cuando estaba embarazada, para reducir el riesgo de transmisión a su bebé. La niña nació en enero del 2008 y hasta ahora sus pruebas del VIH han sido negativas.
Zweli Sihlongonyane de 18 años, es soltero y no tiene trabajo. Vive con su madre, su hermana, y tres hermanos en una casa de dos habitaciones en la propiedad rural de su familia, a una hora de la capital. Zweli se resistía a hacerse las pruebas de VIH, y cuando finalmente se decidió, se resistió a iniciar el tratamiento hasta que el grupo de apoyo de sus pares lo convenció de que le ayudaría a tratar un cáncer de piel comúnmente relacionado con el VIH que él padece. La salud de Zweli ha mejorado y se siente con la fortaleza suficiente para trabajar, pero ni él ni su hermano encuentran trabajo.


