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Vuelta a la Vida/Mali. © Paolo Pellegrin / Magnum Photos

Caras de una revolución silenciosa

Durante 25 años, el SIDA ha devastado las vidas y el sustento de millones de personas. Desde comienzos de la década del '80, casi 30 millones de personas han muerto a causa del SIDA. Pero en los últimos años, una revolución global silenciosa ha permitido que millones de personas infectadas con VIH lleven una vida saludable. 

A comienzos de la década del '90, con la disponibilidad de los antirretrovirales, el SIDA se transformó de una sentencia de muerte segura a una enfermedad crónica manejable — pero sólo para algunos. El costo de los medicamentos y de su distribución impidió que un 95 por ciento de aquellos que vivían con SIDA tuvieran acceso a ellos. La indignación internacional ante el hecho de que millones murieran debido a una disparidad económica contribuyó a reducir el precio de estos medicamentos y a crear, en el 2002, el Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria. A través del Fondo Mundial y del Plan de Emergencia del Presidente de los Estados Unidos para el Alivio del SIDA, se inició a nivel mundial una inversión masiva para el tratamiento antirretroviral que se extendió por más de 100 países en desarrollo. Los médicos y los trabajadores de atención de la salud de todo el mundo han adaptado complicados procedimientos en localidades donde a menudo no había acceso al cuidado más básico. Actualmente se están salvando millones de vidas que de otra manera se hubieran perdido. Asimismo, la prestación de tratamiento se está convirtiendo en una parte principal de los esfuerzos por prevenir la propagación de la enfermedad en el futuro.

En Vuelta a la Vida, ocho fotógrafos de Magnum retrataron a personas de nueve países de todo el mundo antes y cuatro meses después de iniciar el tratamiento antirretroviral contra el SIDA. Aquí encontramos las caras, las voces y las historias que representan a aquellos millones de personas que ya hubieran muerto sin el acceso a los antirretrovirales gratuitos que les permiten vivir con SIDA, trabajar, cuidar a sus hijos, y sentir las alegrías y luchas que trae la vida. Pero también se encuentran las historias de aquéllos para quienes el tratamiento llegó demasiado tarde o cuyas vidas llegaron a su fin por la tuberculosis u otras enfermedades; lo cual demuestra que la lucha para dar acceso al tratamiento contra el SIDA es difícil, a menudo llena de reveses tanto como de éxitos.