Reconstruir la atención de salud a la sombra del ébola

Voces el día 20 febrero 2017

Los carteles advirtiendo sobre el virus del ébola languidecen descoloridos en las paredes mientras la vida recupera lentamente la normalidad en Sierra Leona, pero las cicatrices de Princess Koroma permanecen tan vívidas como su tristeza. Casi ciega y aquejada de dolores en las articulaciones a causa de la enfermedad, Princess vio cómo el virus acababa con la vida de 21 miembros de su familia, incluidos su esposo y dos hijos. Pero al igual que su país, está decidida a rehacerse y seguir adelante. “Estoy sobreviviendo”, dice esta mujer de 37 años. “No estoy sola”.

Sierra Leona, un país de ingresos bajos, se estaba recuperando de los efectos de una guerra civil cuando estalló el brote de ébola en 2014. La enfermedad diezmó comunidades enteras y devastó la ya frágil estructura sanitaria del país.

La epidemia que asoló África occidental puso de relieve con toda crudeza la importancia de contar con sistemas de salud sólidos para hacer frente a las emergencias y mejorar la seguridad mundial mediante la prevención de futuros brotes de la enfermedad. Países con sistemas de salud más fuertes como Nigeria y Senegal contuvieron rápidamente la propagación del virus. Pero en Guinea, Liberia y Sierra Leona, los servicios de salud deficientes, la escasez de trabajadores de la salud, la falta de carreteras y el elevado índice de analfabetismo fueron factores que se combinaron para impedir una respuesta adecuada a una crisis que se cobró 11.300 vidas. Los servicios de salud básicos, incluidos el tratamiento y la prevención del VIH, la tuberculosis y la malaria, se paralizaron por completo.

El ébola también aterrorizó al mundo debido a su virulencia y la velocidad de propagación. Sierra Leona espera que la experiencia de haber superado la epidemia pueda servir para evitar otro brote mediante la reconstrucción y el fortalecimiento de sus sistemas de salud. El Fondo Mundial y asociados han unido sus fuerzas para ayudar a Sierra Leona a formar a trabajadores de la salud, mejorar las pruebas diagnósticas y las cadenas de suministros y aumentar la sensibilización mediante el trabajo comunitario.

Un año después de que Sierra Leona haya sido declarado libre del ébola, su tejido social está en proceso de curación. Las personas vuelven a estrecharse las manos, los puestos de los mercados rebosan de frutas y verduras, las escuelas han reabierto sus puertas y el sonido de la música se escucha en sus calles y aldeas y a lo largo de sus extensas playas.

“El ébola nos abrió los ojos”, expresa la Dra. Lynda Foray, directora de programas del Programa Nacional de Control de la Tuberculosis y la Lepra de Sierra Leona. “En Sierra Leona no estábamos acostumbrados a lavarnos las manos. Ahora en todos los centros de salud hay desinfectantes de manos y la gente es mucho más consciente de cómo se pueden propagar las enfermedades. Las cosas simples son las que pueden marcar una gran diferencia”.

La Dra. Foray añade que otras mejoras introducidas durante la respuesta al ébola, tales como una mejor capacidad en los laboratorios, ayudarán a evitar futuras enfermedades. Cuando se multiplicaron los casos del virus, el personal del Laboratorio Central de Referencia en Salud Pública de Lakka recibió formación intensiva en diagnóstico de laboratorio y técnicas de detección, así como en tecnología de vanguardia. Esas habilidades y máquinas han sido incorporadas para luchar contra la tuberculosis y el VIH y reforzar la atención de la coinfección de tuberculosis y VIH.

El Fondo Mundial está poniendo especial énfasis en cómo invierte en entornos operativos conflictivos como Sierra Leona: países o regiones afectados por brotes de enfermedades, desastres naturales, conflictos armados y/o gobernanza deficiente. Prestar atención de salud durante un brote de ébola requiere enfoques flexibles y sólidas asociaciones sobre el terreno. En el punto álgido de la crisis en Sierra Leona, el Fondo Mundial movilizó fondos de emergencia para financiar una administración masiva de medicamentos antimaláricos.

En asociación con la OMS y el UNICEF, la iniciativa benefició a 2,5 millones de personas, o lo que es lo mismo, al 95% de los hogares seleccionados. La malaria y el ébola presentan muchos síntomas similares, de modo que reducir el número de personas que ingresaba en el hospital para recibir tratamiento contra la malaria permitió que los trabajadores de la salud se concentrasen en el ébola y ayudaran a reducir el número de personas expuestas a esta enfermedad. La iniciativa ayudó asimismo a devolver a la comunidad la confianza en el sector de la salud, dañada por la desinformación y los mitos que rodean al ébola.

Entre 2016 y 2018, el Fondo Mundial invertirá US$ 103 millones para fortalecer los sistemas de salud y luchar contra el VIH, la tuberculosis y la malaria en Sierra Leona. El Fondo Mundial aporta el 80% de los fondos destinados a combatir estas enfermedades en Sierra Leona.

Las inversiones del Fondo Mundial tienen como objetivo duplicar prácticamente el número de personas que reciben tratamiento antirretroviral para el VIH al 46% y reducir las nuevas infecciones impulsando actividades de prevención en las trabajadoras sexuales y los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, dos comunidades que están afectadas de manera desproporcionada por el VIH y el sida.

Las inversiones del Fondo Mundial también contribuirán a que Sierra Leona pueda crear sistemas de datos y vigilancia más sólidos, y desplegar y formar mejor a sus 15.000 trabajadores de la salud comunitarios. Sierra Leona registra las tasas de mortalidad materna más elevadas del mundo y una de las tasas más altas de mortalidad infantil; la creación de mejores sistemas de vigilancia ayudará a detectar más rápidamente la aparición de futuros brotes de enfermedad, mientras los trabajadores de la salud comunitarios prestan servicios esenciales a niños y mujeres embarazadas.

Antes de que estallara el brote de ébola, Guinea, Liberia y Sierra Leona presentaban una proporción de solo uno a dos médicos por casi 100.000 habitantes, una cifra que se encuentra entre las más bajas del mundo.

Es fundamental contar con mayor capacidad en la atención de salud. Antes de que estallara el brote de ébola, Guinea, Liberia y Sierra Leona presentaban una proporción de solo uno a dos médicos por casi 100.000 habitantes, una cifra que se encuentra entre las más bajas del mundo. En comparación, la proporción médico-paciente en la Unión Europea es de 350 médicos por cada 100.000 habitantes. El ya exiguo personal médico en Sierra Leona se vio aún más reducido por el elevado número de trabajadores de la salud infectados por el virus. Más de 221 médicos, enfermeras y parteras fallecieron mientras trataban a pacientes afectados por el ébola.

Homenajes improvisados a los “héroes caídos” decoran los hospitales y los centros de salud en Sierra Leona y muchos de ellos muestran a médicos y enfermeras sonriendo vestidos con sus batas azules o verdes acompañados de mensajes escritos a mano como “Desaparecidos pero no olvidados” y "Angie, todos te amamos. Que tu alma descanse en paz”.

Debido al reducido acceso a los servicios de salud durante el brote del ébola, se calcula que otras 10.600 vidas se perdieron a causa del VIH, la tuberculosis y la malaria en Guinea, Liberia y Sierra Leona.

El Fondo Mundial invertirá US$ 1,5 millones en Sierra Leona para introducir el tratamiento de la tuberculosis multirresistente, una nueva amenaza para la salud que podría propagarse y aumentar el costo y la complejidad de la lucha contra esta enfermedad.

“Muchos pacientes dejaron de acudir al centro de salud o interrumpieron el tratamiento, elevando el riesgo de desarrollar la tuberculosis multirresistente”, explica Senesie Margao, que dirige la clínica del tórax en el Connaughty Hospital de Freetown. “Nuestras enfermeras los visitaban en sus casas para persuadirlos de que regresaran al centro de salud y evitar así el riesgo de desarrollar resistencia a la enfermedad”.

Mientras la vida continúa en el país, las paredes pintadas con la expresión Ebola e du so (“Ébola, ya basta”) parecen ser cosa del pasado. Pero Sierra Leona aún se enfrenta a desafíos abrumadores.

La mayoría de los puestos de salud rurales carecen de gua corriente y electricidad, y las madres se ven obligadas a caminar durante horas a través del bosque, con sus bebés sujetos a la espalda, para visitar a una enfermera porque tienen malaria o sufren diarrea. Los expertos en salud pública han manifestado que mientras el ébola captaba la atención de la comunidad mundial, en 2014 la malaria acabó silenciosamente con el doble de personas fallecidas a causa del virus en Sierra Leona. Y el Banco Mundial ha calculado que el impacto general de la crisis del ébola en Sierra Leona es de US$ 1.900 millones, un terrible balance para un país que ocupa el octavo lugar entre los menos desarrollados del mundo.

“Nadie esperaba que la epidemia del ébola nos sobrepasara como lo hizo”, manifiesta Brima Kargbo, Director Médico de Sierra Leona. “Pero nos ha dado una oportunidad de construir un sistema de salud integral y sólido”.

Los supervivientes como Princess están enseñando el camino a seguir. Después de haber recibido el alta hospitalaria, luchó para salir adelante, y ahora se está reciclando gracias a un programa financiado por el Fondo Mundial. Este programa ofrece servicios de prevención del VIH y le ha dado un nuevo objetivo. “Quieren que me convierta en una líder”, dice con orgullo.

Banner: Simon Davis/DFID
Other photos: The Global Fund/Nana Kofi Acquah.