Las nuevas enfermeras de Afganistán: más que una profesión

Vídeo el día 08 marzo 2017

En Afganistán, decidir formarse como enfermera es algo más que una elección de una profesión. Es un acto de valentía, un desafío de las normas culturales y un servicio público vital.

“Estoy aquí para aprender y poder servir a mi pueblo y mi país”, dice la alumna Abida Nowroz, que estudia en una de las seis escuelas de enfermería creadas por el Ministerio de Salud Pública afgano con ayuda del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria.

Es difícil encontrar enfermeras en el pueblo natal de Abida situado en la provincia rural de Nuristán, al este de Afganistán. En las regiones aisladas como esta, los centros de salud escasean y la situación de inseguridad impide que muchos profesionales de la salud trabajen en esta zona.

Como consecuencia, Afganistán tiene una de las tasas más elevadas de mortalidad maternoinfantil del mundo y es el cuarto país por carga de malaria de la región. Los centros de salud carecen del personal y el equipo necesarios y hacen ímprobos esfuerzos por mantener a raya la tuberculosis, una enfermedad que requiere tratamiento de larga duración. Según la OMS, alrededor del 40% de los centros de salud afganos no tienen personal femenino, un problema considerable en un país donde las normas de comunidad a menudo impiden a las mujeres recibir atención sanitaria de hombres si no van acompañadas de un miembro de familia masculino.

Pero mujeres como Abida están dispuestas a cambiar esta situación. Ella y 200 de sus compañeras recién graduadas en Enfermería irán a trabajar a algunos de los pueblos más pobres de sus provincias de origen.

Además de dos años de formación médica, las alumnas reciben alojamiento, transporte, tres comidas al día y una asignación de subsistencia personal. Aunque el trabajo es difícil, Abida y sus compañeras saben que es una oportunidad única en un país donde es frecuente que las mujeres jóvenes no puedan vivir o estudiar fuera de casa.

“Mis padres estaban muy preocupados por cómo viviría lejos de ellos. Pero yo insistí durante meses hasta que pude convencer a mi padre. Estoy muy orgullosa de hacer esto. Intento estudiar todo lo que puedo”, dice Abida.

Información original de Jalaluddin Kasaat para PNUD-Afganistán. Fotografía: Omer Sadaat / PNUD.

Barreras que impiden a las mujeres de Afganistán acceder a la atención de salud

Fuente de información de la ilustración:
Increasing Access to Health Care Services in Afghanistan with Gender-sensitive Health Service Delivery (WHO).


Tuberculosis en Afganistán

La tuberculosis fue una de las diez principales causas de muerte en todo el mundo durante 2015 y mató a más personas que el VIH y la malaria. De los 10,4 millones de nuevos casos que se calcula se registraron en 2015, cerca del 60% fueron hombres.

Sin embargo, Afganistán no sigue el patrón mundial ya que es uno de los pocos lugares donde hay más casos de mujeres aquejadas de esta enfermedad. La desigualdad de género y la estigmatización son factores que aumentan los riesgos para las mujeres, tanto de contraer tuberculosis como de no ser diagnosticadas y tratadas. Las normas sociales dictan que las mujeres deben pasar gran parte de su tiempo en el hogar, donde la ventilación deficiente y la exposición al humo del fuego para cocinar empeoran otros factores como la malnutrición. En algunos entornos, las mujeres temen que el diagnóstico de tuberculosis haga que sean repudiadas por sus familias y comunidades. Esto puede retrasar las pruebas y el tratamiento, y poner a las mujeres en riesgo de padecer la enfermedad en estados incluso más graves.

Fuentes:
Tuberculosis in Women (WHO) and Tuberculosis: Voices of the Unheard (WHO)