Para terminar con la epidemia de VIH debemos escuchar a los jóvenes

Por Ange Kagame

Voces el día 08 marzo 2017

Crecí en África en la década de 1990, un periodo que hoy en día se suele denominar la década perdida del continente. Es una década que muchos africanos asocian con economías estancadas, conflictos civiles, matanzas sin sentido y epidemias devastadoras.

Pero desde el comienzo del milenio, África ha buscado la paz, ha sido testigo de la recuperación económica, ha combatido las enfermedades y ha mejorado las vidas de millones de personas. Gracias a asociaciones más sinérgicas entre los gobiernos, sus comunidades y diversos organismos de desarrollo, estamos asistiendo al amanecer de una nueva era en nuestro continente.

Aun así, se ciernen negros nubarrones sobre mis coetáneos –los hombres y mujeres jóvenes que nacieron en esa difícil década– y sobre quienes son más jóvenes que nosotros.
En la actualidad, el sida es la principal causa de muerte entre los adolescentes de 10 a 19 años en nuestro continente. El VIH se está cobrando las vidas de los jóvenes y de las mujeres de mi edad a un ritmo alarmante, si tenemos en cuenta que esta semana más de 7.500 niñas y mujeres de entre 15 y 24 años serán infectadas con el VIH. En los países más golpeados, las niñas representan más del 80% de todas las nuevas infecciones entre adolescentes. Es algo inaceptable porque se trata de una enfermedad que podemos prevenir y tratar.

Para poner fin a esta realidad injusta y desalentadora para las niñas adolescentes y las mujeres jóvenes, el mundo tiene que trabajar unido con mayor rapidez e intensidad en la lucha contra el VIH. Los gobiernos y los asociados para el desarrollo deben implicarse decididamente con nosotros no solo en la lucha contra el VIH, sino también en los aspectos globales del desarrollo: la educación, las oportunidades económicas y la salud reproductiva. Las niñas adolescentes y las mujeres jóvenes empoderadas no solo derrotaremos al VIH, sino que además tendremos vidas prósperas y llenas de sentido, tanto para nosotras como para las generaciones futuras.

Para terminar con la epidemia de VIH que afecta a las mujeres jóvenes y las niñas, los gobiernos y sus asociados para el desarrollo deben seguir invirtiendo en programas generales que tengan en cuenta en su totalidad las vidas de las niñas adolescentes y las mujeres jóvenes. Estas iniciativas deben ir más allá del tratamiento y la prevención y centrarse en el desarrollo general de este grupo etario. Asimismo, deben poner al alcance de las niñas adolescentes y las mujeres jóvenes servicios más amplios que abarquen la salud y la educación, y ofrecerles al mismo tiempo protección social, entre otras cosas mediante campañas de sensibilización que contribuyan a combatir la estigmatización. Con el objetivo de garantizar realmente la igualdad de oportunidades, se debería apoyar a las niñas para que permanezcan escolarizadas y obtengan una buena educación.

Está demostrado que estos programas reducen la probabilidad de que las niñas se vean infectadas con el VIH y que tienen una amplia repercusión en las mujeres jóvenes y las niñas, así como en sus comunidades. Por cada año extra de escolarización, por ejemplo, los ingresos de una adolescente aumentan en un 10%, se reduce la probabilidad de un matrimonio temprano y aumenta la probabilidad de que tenga una familia más sana. Además, es más probable que esa joven pueda elegir si quiere formar una familia y cuándo hacerlo.

Cuando conocemos nuestras opciones,
adoptamos las decisiones acertadas.

Para conseguir este objetivo, los gobiernos, las comunidades y los asociados para el desarrollo tienen que ser radicales en sus planteamientos. Deben eliminar los obstáculos que afrontan las mujeres a la hora de participar en política y comprender qué necesitan las mujeres jóvenes y las niñas para protegerse y vivir sus vidas como les parezca.

En un contexto de elevada infección por el VIH entre los jóvenes y de crecimiento demográfico de este grupo, especialmente en África, la lucha mundial contra el VIH no puede ganarse sin ellos. Ha llegado el momento de dar prioridad a los jóvenes en la respuesta contra la enfermedad, lo que implica ir más allá de hacerles partícipes en la planificación y ejecución de los programas: incluirlos en la toma de decisiones.

En la década de 1990, éramos demasiado jóvenes para participar en la configuración de la respuesta a los problemas del momento o para comprender las consecuencias a largo plazo de aquellos acontecimientos. Hoy, vivimos una realidad diferente. Tenemos los conocimientos, la pasión y la energía para liderar iniciativas que nos conduzcan a una victoria duradera contra la epidemia de VIH. De hecho, ya estamos adoptando medidas en todo el continente. En Sudáfrica, las mujeres jóvenes se están sumando a los clubes Rise para apoyarse y educarse mutuamente en materia de VIH. En Kenya, las mujeres jóvenes están creando grupos de ahorro para reducir la vulnerabilidad económica que favorece la propagación del VIH. En Rwanda, un país conocido por hacer realidad la igualdad de género y fomentar el empoderamiento de los jóvenes en todos los sectores del desarrollo, los programas destinados a los jóvenes y las mujeres están produciendo efectos muy beneficiosos. A modo de ejemplo, las iniciativas concertadas entre la comunidad y las distintas partes interesadas del sector de la salud han ayudado al país a obtener resultados impresionantes en la lucha contra el VIH/sida, traducidos en una importante reducción en la transmisión maternoinfantil (PTMI) del virus, que ha pasado de casi el 10% al 1,8% en la última década, y una disminución de la tasa de prevalencia del 3%.

Parafraseando el llamamiento a la acción realizado por el Director Ejecutivo del ONUSIDA, Michel Sidibe, en la inauguración de la Conferencia Internacional sobre el SIDA celebrada en julio de 2016 en Durban: “La complacencia es la nueva conspiración y debemos acabar con ella. Nuestros avances son increíblemente frágiles. Si no actuamos ahora corremos el riesgo de ver cómo el virus se recrudece y se vuelve resistente”.

Nos corresponde ahora a los jóvenes responder a ese llamamiento, ponernos en pie y sumarnos a los esfuerzos de los gobiernos y los asociados para hacer realidad en 2020 los objetivos Start Free, Stay Free, AIDS Free (Nacer libres, Crecer libres, Vivir libres del sida).

Disponemos de los medios necesarios para cambiar el curso del destino de nuestra generación. ¿Estaremos a la altura del momento histórico que nos ha tocado vivir?

Ange Kagame es una defensora del empoderamiento de las mujeres y la hija de Paul Kagame, Presidente de Rwanda.