La tuberculosis farmacorresistente: una creciente amenaza para la salud mundial

Por Jon Lomøy y Mark Dybul

Voces el día 29 marzo 2017

La aparición de nuevas superbacterias capaces de ofrecer resistencia incluso a los antibióticos y los tratamientos más potentes representa una de las mayores amenazas para la salud mundial en toda la historia de la humanidad.

Tanto si se manifiestan en una simple infección de garganta, una persistente bacteria estomacal o una enfermedad grave como la tuberculosis, la farmacorresistencia que estas bacterias pueden desarrollar se ha convertido en una tremenda amenaza. Los asociados para el desarrollo mundiales deben actuar con mayor rapidez para contener la resistencia a los antibióticos antes de que esta aumente y se cobre la vida de millones de vidas en todo el mundo.

La tuberculosis, una enfermedad que ha afectado a los pobres durante miles de años pero que prácticamente ha desaparecido en países de altos ingresos como Noruega, mata a más de 1,8 millones de personas al año en el mundo. Los asociados en salud mundial han logrado grandes progresos en frenar la patología pero las cepas farmacorresistentes de tuberculosis amenazan con malograr tales avances. A nivel mundial, las muertes causadas por la tuberculosis farmacorresistente representan en la actualidad cerca de un tercio de todos los fallecimientos que se producen en el mundo debido a la resistencia a los antibióticos, y estas cepas resistentes se están propagando, lo que presenta un riesgo potencialmente catastrófico para la seguridad sanitaria mundial.

Tratar la tuberculosis farmacorresistente es más costoso, lleva más tiempo, los medicamentos empleados a menudo tienen efectos secundarios debilitadores y la enfermedad es más mortal. El tratamiento de la tuberculosis estándar suele prolongarse unos seis meses, mientras que el de la tuberculosis resistente a los fármacos puede durar tres o cuatro veces más, y no todas las personas que lo siguen sobreviven. En 2015 había aproximadamente 580.000 casos de tuberculosis farmacorresistente, de los cuales casi la mitad de los enfermos murieron.

Para alcanzar el objetivo mundial de acabar con la epidemia de tuberculosis en 2030 y evitar un posible desastre sanitario, debemos detener la propagación de la tuberculosis farmacorresistente. Eliminar la tuberculosis no solo permitirá salvar millones de vidas y revitalizar las comunidades y las economías de países vulnerables y de ingresos bajos o medianos, sino que también ayudará a mejorar la seguridad sanitaria de los países de ingresos altos como Noruega. Tal como hemos visto en los últimos años con el brote de ébola en África occidental y zika en América Latina, las enfermedades no conocen fronteras. A diferencia del ébola o el zika, la tuberculosis se transmite por el aire y una persona aquejada de tuberculosis activa, si no es tratada, puede llegar a contagiar la infección a 10-15 personas en un año. En el mundo globalizado en que vivimos, erradicar la tuberculosis es de suma importancia para todos nosotros.

Este año, el Día Mundial de la Tuberculosis –el viernes 24 de marzo– llega unos meses después de que el Informe Mundial de la Tuberculosis 2016 revelara que la tuberculosis se ha convertido en la enfermedad infecciosa que causa mayor número de muertes. Esto es inaceptable, máxime cuando sabemos que se trata de un mal casi tan antiguo como la humanidad que hoy día es prevenible y curable.

La respuesta a la tuberculosis suele ir acompañada de enormes costos para los sistemas nacionales de atención sanitaria y las familias que cuidan de sus familiares enfermos. Una familia puede llegar a gastar hasta un 20% de sus ingresos domésticos en tratar a un familiar enfermo de tuberculosis y en los casos de la forma farmacorresistente, los costos son incluso varias veces superiores. Solo en Sudáfrica, uno de los países con una elevada carga de tuberculosis, cada año se pierden 9,6 millones de días laborables a causa de la enfermedad. Acabar con la tuberculosis favorecería el rápido desarrollo económico en los países afectados, lo que esencialmente se traduciría en una mejora de la productividad mundial y en economías más sanas y prósperas en todo el mundo.

Se han producido avances pero no son suficientes. Entre 2000 y 2015, el tratamiento contra la tuberculosis evitó que se produjeran 49 millones de muertes a nivel mundial. Países como Noruega han invertido decididamente en la asociación del Fondo Mundial y en otros programas para luchar contra esta enfermedad. Gracias a los programas financiados por el Fondo Mundial y Noruega, ha sido posible administrar pruebas, tratamiento y atención a 16,6 millones de personas enfermas de tuberculosis desde 2002. Sin embargo, la lucha contra la tuberculosis dista mucho de haber finalizado. Los esfuerzos desplegados a escala mundial para frenar la enfermedad siguen siendo muy inferiores a los que se necesitan para erradicarla.

En primer lugar, el mundo debe invertir más en combatir la enfermedad. Aunque la asociación del Fondo Mundial proporciona las dos terceras partes del financiamiento externo dedicado a la tuberculosis, los gobiernos de países con ingresos bajos y medianos deben aumentar sus inversiones. Algunas estimaciones indican que por cada dólar invertido en la lucha contra la tuberculosis se generan unos US$ 43 en concepto de ingresos familiares y contribución a las economías. Con más recursos, podemos desarrollar nuevas y mejores herramientas que permitan prevenir, detectar y tratar la tuberculosis. Para encontrar los cuatro millones de casos que cada año quedan sin registrar (las personas que no son diagnosticadas, tratadas o notificadas y que podrían estar propagando la enfermedad), debemos invertir en intervenciones destinadas a reducir la estigmatización y la discriminación asociadas a la tuberculosis. Es fundamental asegurar el acceso al tratamiento y la atención para las personas más vulnerables y en situación de riesgo como presos, migrantes, refugiados, personas que se inyectan drogas o mineros, y cerciorarnos de que siguen el tratamiento adecuado. Cada vez que un paciente deja de tomar su medicación antituberculosa antes de haberse curado de la enfermedad, corre el riesgo de desarrollar tuberculosis farmacorresistente y contagiarla a otras personas.

Debemos aumentar en todo el mundo las inversiones en las comunidades, que a menudo son pobres y vulnerables, donde la enfermedad sigue avanzando. Aunque habitualmente la tuberculosis es asociada a la pobreza, el 50% de todos los casos que existen en el mundo se encuentran en los países BRICS de ingresos más altos: Brasil, la Federación de Rusia, India, China y Sudáfrica. Es necesario que estos países inviertan más en mejorar el acceso a la atención de tuberculosis de calidad para sus poblaciones pobres y vulnerables, y en llevar a cabo programas más eficaces.

Para derrotar a la tuberculosis farmacorresistente y otras superbacterias resistentes a los antibióticos presentes en todo el mundo, debemos invertir más recursos, crear mejores herramientas y ampliar los enfoques y los programas que han demostrado su eficacia. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de perder los avances conquistados en las dos últimas décadas, y la tuberculosis seguirá aumentando constantemente su poder como amenaza de salud mundial, con una magnitud jamás antes vista.

Jon Lomøy es Director General de la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo (NORAD).

Mark Dybul es Director Ejecutivo del Fondo Mundial.