Hacer de los sistemas comunitarios la piedra angular de las inversiones en salud mundial

Por Kate Thomson

Voces el día 30 marzo 2017

Una divulgadora comunitaria entre pares visita un burdel en Quito (Ecuador). Por su pasado de trabajadora sexual conoce este ambiente tan bien como cualquier otro trabajador del burdel, y acude para repartir preservativos y ofrecer asesoramiento sobre el VIH a sus pares. Hoy día trabaja para una organización financiada por el Fondo Mundial dedicada a defender y promover los derechos humanos de los trabajadores sexuales.

Una mujer en Etiopía recibe formación para prestar servicios de salud básica e información en su comunidad donde no hay ningún centro de salud. Ella es una de las casi 40.000 mujeres que componen el ejército cuya misión es salvar vidas en las zonas rurales.

En todo el mundo, los comités que diseñan y supervisan la ejecución de subvenciones del Fondo Mundial incluyen a personas que viven con las enfermedades o están afectadas por ellas.

Para la asociación del Fondo Mundial esto es lo que significa poner a las comunidades en el centro de la lucha para acabar con las epidemias de VIH, tuberculosis y malaria. El Fondo Mundial está invirtiendo fuertemente en los sistemas comunitarios y las respuestas a las enfermedades apoyando a las organizaciones y al personal sanitario para que presten servicios de prevención, atención y tratamiento fuera de los centros de salud.

Estos servicios son esenciales porque, a pesar del notable avance conseguido contra el sida, la tuberculosis y la malaria en las dos últimas décadas, las cifras de los titulares a menudo ocultan desigualdades. Muchas comunidades del mundo siguen estando desatendidas. La acción comunitaria es fundamental para ampliar el acceso a los servicios de salud más allá de los centros de salud convencionales, donde algunos grupos de personas siguen sufriendo estigmatización y discriminación.

Nuestros programas tienen como objetivo obtener repercusión cuestionando normas que aumentan la vulnerabilidad de las personas ante las enfermedades. También favorecen mecanismos que permitan a las comunidades hacer responsables a los gobiernos y los proveedores de atención sanitaria de prestar buenos servicios y respetar los derechos humanos.

La asociación del Fondo Mundial reconoce que la consecución de una mayor y más equitativa repercusión contra las tres enfermedades empieza por identificar a las comunidades afectadas desproporcionadamente por el VIH, la tuberculosis y la malaria, y conocer su vulnerabilidad y sus necesidades. Esto solo se puede conseguir dialogando con las personas más afectadas pues son ellas las que mejor conocen los factores que los hacen vulnerables. Saben cómo la geografía, la educación, las experiencias vividas, la posición socioeconómica y la identidad influyen en sus comportamientos de búsqueda de servicios sanitarios.

Sabemos que los sistemas comunitarios no reciben ni la prioridad ni los recursos debidos. Debemos hacer más en este sentido. El Fondo Mundial financia diversos programas en el mundo que se centran en las infraestructuras de salud comunitarias. El proyecto llevado a cabo en Etiopía ha tenido un efecto transformador en ofrecer a los miembros de comunidades la oportunidad de convertirse en verdaderos agentes de su propia salud. Distintas redes de personas afectadas de manera desproporcionada por el VIH han recibido apoyo del Fondo Mundial para colaborar con proveedores de servicios y entidades ejecutoras de subvenciones a fin de ampliar el alcance y la capacidad de respuesta de los programas destinados a estos colectivos.

El Fondo Mundial está comprometido a reforzar los mecanismos de supervisión de programas a nivel de comunidad. En Sierra Leona, estamos apoyando iniciativas de seguimiento y rendición de cuentas dirigidas por la comunidad que ya están aportando datos sobre el rendimiento de los servicios. El objetivo de este proyecto es favorecer la resolución de problemas en el ámbito local.

Para conseguir una repercusión duradera, debemos implicar a las comunidades en todas las fases de las inversiones que realizamos. El modelo de gobernanza del Fondo Mundial reconoce en su labor el papel esencial que desempeñan las comunidades y prueba de ello es el puesto que tienen reservadas las personas afectadas por las enfermedades en la Junta Directiva del Fondo Mundial, un puesto representativo con el mismo voto y voz que el mayor contribuidor financiero.

Al invertir en la creación de sistemas para la salud resistentes y sostenibles (mejores instalaciones, atención de salud, formación de trabajadores sanitarios, gestión de la información y su acceso, junto con apoyo a las comunidades y desarrollo de mecanismos de respuesta), el Fondo Mundial pretende centrar su acción en las personas y la salud más que en los sistemas. Reforzar las respuestas y los sistemas comunitarios subraya la importancia de un enfoque centrado en las personas. Nos muestra lo que debemos hacer para intensificar nuestra función en ese enfoque.

Estamos mejorando nuestros sistemas, haciéndolos más eficaces y menos burocráticos, con el fin de ofrecer nuevas oportunidades de apoyo a organizaciones comunitarias. Esto incluye permitir a las entidades ejecutoras de subvenciones del Fondo Mundial financiar organizaciones o colectivos pequeños no registrados que representan a grupos marginados o incluso criminalizados. No podremos acabar con las tres enfermedades si insistimos en trabajar solo con grupos registrados dotados de alta capacidad de gestión financiera, o si exigimos interminables informes de las actividades. El Fondo Mundial no evita correr tales riesgos medidos, todo lo contrario, afrontamos estas cuestiones con amplitud de miras, buscando controles innovadores como el seguimiento y la responsabilidad social en las comunidades.

Al final, todas estas iniciativas tendrán éxito o fracasarán dependiendo de lo capaces que sean las comunidades de asumir la responsabilidad de las inversiones que realizamos juntos. Por tal razón la asociación del Fondo Mundial se fundamenta en el principio de liderazgo local a la hora de hallar nuevas formas de eliminar las barreras que impiden el acceso a los servicios de salud. Estos enfoques dirigidos por las comunidades que tienen por objeto establecer sistemas para la salud robustos y con capacidad de respuesta son la manera más segura de derrotar al VIH, la tuberculosis y la malaria de una vez para siempre.

Kate Thomson es Directora del Departamento de Comunidad, Derechos y Género del Fondo Mundial.