¡Salvemos a nuestros hijos acabando con la malaria!

Por Elhadj Diop

Voces el día 01 mayo 2017

Muchas personas dirán con indiferencia que han padecido malaria varias veces como si se tratara de una gripe benigna. Muchas personas dirán que su barrio está infestado de mosquitos pero no emprenderán ninguna iniciativa para proteger a sus familias. Es cierto que muchas personas han sobrevivido pero mi hija Ami, al igual que las miles de vidas que cada año se ha cobrado la malaria, pagaron un precio demasiado alto.

Ami sucumbió a la enfermedad después de pasar tres días con fiebre y convulsiones. Con una bolsa de manzanas en la mano, su fruta preferida que me había pedido que le trajera de Dakar en nuestra última conversación, asistí silenciosamente a su muerte. En aquella época yo trabajaba en Dakar ya que la capital ofrecía mejores oportunidades de empleo para mantener a mi familia. Algunos fines de semana volvía al pueblo a ver a mi familia, aunque ese viernes de septiembre de 1999 era especial: regresaba para enterrar a mi pequeña. En 1999, los habitantes de Thiénaba, una comunidad rural de Senegal, sabían muy poco sobre la malaria, aun cuando era la causa del 40% de las muertes que se producían en nuestra comunidad. La enfermedad causaba estragos entre nuestros niños y mujeres encinta. Yo estaba muy unido a Ami y su muerte hizo que transformara mi dolor en una lucha por la vida. Vendí todo mi equipo de fotografía, dejé mi trabajo después de 14 años de servicio en una organización internacional y me puse manos a la obra.

Responsabilizar a las comunidades y escuchar sus demandas son dos maneras eficaces de dar respuesta a la malaria. El enfoque comunitario me ha permitido, además de comprender las necesidades y los problemas de las comunidades, evitar reproducir en vano métodos propios de otros contextos. Después de un encuentro organizado con profesionales sanitarios que sensibilizaron a nuestra comunidad sobre los modos de transmisión de la malaria, las medidas que deben adoptarse y los tratamientos disponibles, he creado una serie de estrategias de erradicación específicas para Thiénaba, Los técnicos sanitarios habían insistido particularmente en mantener la higiene en nuestro entorno. Para esta tarea se estableció un comité de salubridad dirigido por mujeres con el objetivo de limpias los pueblos dos veces por semana. Además, cada septiembre hacemos un “set-setal” (limpieza general en wolof, una lengua local) para eliminar las aguas estancadas y otros factores que propician la propagación del vector.

La malaria pone en peligro los programas escolares de nuestros hijos. Ami era una alumna brillante y nos dejó diez días antes de la vuelta a las clases. Esta enfermedad es responsable de la elevada tasa de absentismo escolar que se registra en nuestras comunidades, compromete seriamente el futuro profesional de los chicos y nos encierra en un círculo vicioso de pobreza. El adagio “Es necesario todo un pueblo” resume perfectamente nuestro credo. Solo podremos derrotar a la malaria si todos nos convertimos en agentes de cambio. En Thiénaba, los miembros del Club FRP (Hacer Retroceder la Malaria) se aseguran de que todos los escolares duerman bajo mosquiteros durante la temporada de lluvias. Además, cada habitante vela por que su vecino disponga de mosquiteros e informa de cualquier síntoma. Este enfoque ha tenido como resultado un aumento de los índices de diagnóstico precoz y la protección de casi 200 familias contra la malaria. Nuestras cajas de solidaridad permiten paliar las dificultades económicas de algunas familias pero sobre todo hacen posible que podamos comprar mosquiteros suplementarios para los recién nacidos, en mi opinión el mejor regalo de nacimiento que se puede hacer. Hay también un Consejo de Aldeas que agrupa a 83 aldeas y se encarga de hacer seguimiento y evaluar las estrategias aplicadas. Se reúne tres veces al año: antes, durante y después de la temporada de lluvias.

Gracias al apoyo del Fondo Mundial, hemos podido multiplicar nuestros esfuerzos en educación y prevención en las aldeas vecinas. En 2009, ya había 20 aldeas libres de malaria con una tasa de mortalidad y una tasa de absentismo escolar reducidas a cero. Hoy en día esta cifra se ha duplicado y son cerca de 50 las aldeas beneficiadas. Hace quince años, no podía imaginar que la tragedia que viví podría cambiar el destino de muchos niños. Sí, es cierto, Ami también podría haberse salvado y ser una de las chicas que veo cada día pasear por nuestra aldea, felices y llenas de vida. Me aferro al recuerdo de nuestra relación padre-hija para hacer más cada día. La malaria sigue matando a un niño cada dos minutos. Mi misión es acabar con la malaria y ofrecer un porvenir prometedor a todos.

Elhadj Diop es un activista contra la malaria. Sus innovadoras técnicas y su compromiso le han valido el reconocimiento de numerosos actores de la salud mundial.