Llegar a las personas para facilitarles una mejor salud dondequiera que vayan

Por Marijke Wijnroks

Voces el día 20 junio 2017

Al principio de mi carrera, mucho antes de unirme al Fondo Mundial, trabajé como médica en Sudán del Sur, Uganda, Bangladesh y El Salvador, donde abundaban las crisis humanitarias y los refugiados. He trabajado con desplazados internos en Sudán del Sur y más tarde con refugiados sudaneses en Uganda y coordinado tareas de vigilancia de la salud en los campos de refugiados de Rohingya en Bangladesh. Mi primera preocupación ha sido siempre la salud de las personas. He sido testigo del sufrimiento físico y emocional de niños, mujeres y hombres que se habían visto obligados a abandonar sus hogares.

Al conmemorar el Día Mundial del Refugiado se nos recuerda que cada día miles de familias son desplazadas a la fuerza como consecuencia de la guerra y la persecución. Cuando las personas abandonan sus hogares y comunidades también dejan atrás a los médicos de familia o enfermeras que los conocen. Muchos deben interrumpir sus tratamientos y eso provoca que se extienda la farmacorresistencia y los vuelve vulnerables a sufrir nuevas enfermedades.

Ninguna cifra puede reflejar el trauma que soportan los seres humanos cuando sus vidas se ven gravemente perturbadas. Sin embargo, la actual crisis de refugiados está alcanzando una enorme magnitud: 22,5 millones de refugiados, más de la mitad de los cuales son menores de 18 años; 40,3 millones de desplazados internos; 2,8 millones de solicitantes de asilo. Ningún país u organización puede abordar este problema sin ayuda.

La asociación del Fondo Mundial se creó hace 15 años con el propósito de librar al mundo de las cargas del VIH, la tuberculosis y la malaria, y de invertir en sistemas para la salud resistentes y sostenibles. Hoy, para acabar con las epidemias y hacer frente a las nuevas amenazas a la seguridad sanitaria mundial, es necesario que prestemos a las personas más vulnerables servicios de prevención y tratamiento, dondequiera que se encuentren.

El Fondo Mundial se está centrando en las necesidades de salud en entornos operativos conflictivos aumentando nuestra flexibilidad, la rapidez de respuesta y las asociaciones con equipos de respuesta a emergencias y grupos comunitarios sobre el terreno. Debemos atender las necesidades de salud donde se presenten, especialmente cuando las personas necesitadas se ven obligadas a desplazarse a través de las fronteras.

En Rwanda, por ejemplo, el Fondo Mundial y ACNUR, el organismo de las Naciones Unidas para los refugiados, trabajan juntos para tratar las necesidades de salud de los refugiados de Burundi. En el marco de una subvención del Fondo de Emergencia, ambos organismos prestan servicios a los refugiados que incluyen el acceso al asesoramiento y las pruebas del VIH, tratamiento para evitar que las madres transmitan el VIH a sus hijos, tratamiento antirretroviral para personas que viven con el VIH, fumigación con insecticida de acción residual de viviendas y escuelas para protegerse de los mosquitos y servicios de detección y tratamiento para pacientes afectados de tuberculosis.

En África oriental, donde los conflictos y la inestabilidad política han obligado a muchas familias a huir y buscar asilo en países vecinos, el Fondo Mundial y el bloque regional de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo están apoyando a las poblaciones de refugiados en 20 campos repartidos en varios países, incluidos aquellos que han alojado a grandes contingentes de refugiados en las últimas décadas.

En Oriente Medio, donde muchos países se enfrentan a los efectos de la guerra, las crisis humanitarias y un elevado número de refugiados y desplazados internos, otra subvención regional facilita la prestación de servicios de tuberculosis, VIH y malaria en Siria, Yemen, Jordania y Líbano.

Otra tarea esencial es averiguar cómo pueden contribuir estas inversiones a largo plazo en la prevención de crisis, y ofrecer una respuesta a la crisis de los refugiados y los desplazados internos. Gran parte de la labor que lleva a cabo el Fondo Mundial se centra en la creación de sistemas para la salud más sólidos y resistentes, tanto para conseguir reducir el VIH, la tuberculosis y la malaria como para prevenir, detectar y responder a nuevos brotes de enfermedad. Hemos visto el impacto devastador de los sistemas de salud deficientes durante el brote de ébola en África occidental. Cuando los sistemas de salud sólidos cumplen con su cometido, las comunidades prosperan y los países crecen económicamente, y las personas pueden tener las oportunidades y la dignidad que se merecen. Pocas inversiones pueden contribuir más a que las comunidades sean prósperas y a la seguridad sanitaria mundial que la formación y retención de trabajadores de salud y personal de enfermería comunitarios, la mejora de los centros de salud locales y la instalación de cadenas de suministro seguras que proporcionen diagnóstico y tratamiento cuando y donde se necesiten.

En un mundo altamente conectado, un brote de enfermedad contagiosa en cualquier lugar representa una amenaza para todos nosotros. Se nos recuerda constantemente que las enfermedades no tienen fronteras. Luchar contra la resistencia a la malaria en el Mekong, la farmacorresistencia a la tuberculosis en Europa oriental o el ébola en África occidental es nuestra responsabilidad colectiva. En el Día Mundial del Refugiado debemos recordar que la mejor manera de mejorar la salud e impedir la propagación de nuevas enfermedades es satisfacer las necesidades de los más vulnerables, especialmente de aquellas personas que han tenido que huir de sus hogares y atravesar fronteras.

Marijke Wijnroks, Directora Ejecutiva Interina del Fondo Mundial. Photo: © UNHCR/Dominic Nahr.