Invertir en seguridad sanitaria mundial

Por Marijke Wijnroks, Directora Ejecutiva Interina

Voces el día 13 septiembre 2017

Invertir en salud mundial es una manera sumamente rentable de conseguir una mayor seguridad y estabilidad, proteger a las comunidades de todo el mundo de las enfermedades infecciosas y evitar las nuevas amenazas para la salud.

El Informe de Resultados del Fondo Mundial 2017 que hoy se publica pone de relieve los grandes logros alcanzados por la asociación del Fondo Mundial mediante el financiamiento de programas que han salvado más de 22 millones de vidas mientras se creaban comunidades más sanas y economías más sólidas. Hemos conseguido revertir las líneas de tendencia de la tuberculosis y la malaria –dos de los flagelos más antiguos de la humanidad– y hemos evitado que el sida alcanzara su potencial catastrófico.

No obstante, este informe también muestra cuánto nos queda aún por hacer. Cada vez se hace más evidente que la juventud, en particular las niñas adolescentes y las mujeres jóvenes, se enfrentan a extraordinarios niveles de riesgo. En algunas regiones de África, las mujeres jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años tienen una probabilidad ocho veces mayor de vivir con el VIH que sus pares masculinos. El Fondo Mundial apoya la labor que elimina las desigualdades de género que favorecen la propagación de la enfermedad e invierte en programas centrados específicamente en mejorar la salud de las niñas adolescentes y las mujeres jóvenes.

El campo de la salud mundial fluctúa continuamente. El cambio es nuestra constante. Descubrimos y aplicamos tratamientos innovadores, combatimos las nuevas amenazas y nos adaptamos a las políticas de un mundo que no conoce fronteras. Siempre surgen nuevas tendencias. El constatado incremento demográfico de jóvenes, junto con pruebas de que muchos de ellos no tienen acceso a los servicios de salud, es un dato alarmante que exige una acción enérgica.

Debemos hacer frente a estos desafíos con valentía. Intensificando las inversiones en programas integrados de prevención y tratamiento del VIH para niñas adolescentes y mujeres jóvenes podemos hacer mucho más que detener la epidemia. Podemos convertir el peligro en un dividendo demográfico aprovechando el boom de la generación de los postmilénicos en África, preparando a la juventud de hoy y a los líderes de mañana para construir sociedades más sanas y prósperas.

Éste es el panorama que contemplamos como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: hacer frente a las epidemias y crear sistemas para la salud sólidos estimula el desarrollo económico y, a su vez, permite una mayor inversión en salud y nos impulsa hacia la consecución de la cobertura universal de la salud. No podemos fracasar en esta empresa porque, como se ve claramente, los líderes del mañana tendrán que enfrentarse a innumerables amenazas para la seguridad de la salud mundial.

Los sistemas para la salud sólidos son los centinelas que nos protegen contra los brotes regionales o mundiales. En 2014 pudimos comprobarlo en la práctica durante el estallido del brote del ébola en África occidental: países que contaban con sistemas sólidos como Nigeria, Senegal y Mali contuvieron rápidamente el brote, mientras que los que carecían de ellos –como Sierra Leona, Liberia y Guinea– se mostraron más vulnerables a la enfermedad.

Los sistemas para la salud resistentes y sostenibles son asimismo nuestra defensa contra la creciente amenaza que representa la resistencia antimicrobiana, incluidas la malaria farmacorresistente y la tuberculosis multirresistente. No se trata de una amenaza vaga o futura. Es urgente que nuestra respuesta sea mundial y evitemos caer en las condiciones que padecimos en la era anterior a la aparición de los antibióticos. Todos tenemos una función que cumplir, desde los ministros de Salud hasta los activistas, académicos y equipos de investigación y desarrollo del sector privado, médicos y pacientes. Juntos podemos proteger los grandes avances médicos de la humanidad.

Este espíritu de asociación, en el que cada persona y cada sector de la sociedad contribuyen a la salud mundial, se encuentra en el ADN del Fondo Mundial. Podemos verlo en todas las acciones emprendidas. Lo vemos en los compromisos asumidos por los países ejecutores de programas de aumentar sus propias inversiones en salud; lo vemos en los enfoques innovadores adoptados por comunidades y asociados de la sociedad civil para llegar a los más vulnerables, y lo vemos en los nuevos acuerdos de financiamiento suscritos por el sector privado. Lo vemos en nuestros colegas en el Fondo Mundial que constantemente se esfuerzan por ser más eficaces y conseguir una mayor repercusión de nuestras inversiones.

Sé que solo podremos tener éxito si somos fieles a nuestros valores y a nuestra misión. La asociación del Fondo Mundial utilizará pruebas y experiencia ante los cambios que sobrevengan para innovar y evolucionar. No buscaremos beneficios rápidos en detrimento de una repercusión sostenible. Apoyaremos las iniciativas destinadas a eliminar las barreras que dificultan el diagnóstico y el tratamiento, para llegar hasta los que no reciben atención y a los marginados, para prevenir nuevas infecciones, para optimizar los recursos empleados, en definitiva, para acabar con las epidemias.