Sistemas para la salud resistentes y sostenibles

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Los sistemas para la salud débiles tienen consecuencias costosas (y mortales) para los países, tal como demostró el brote de ébola. Según el Banco Mundial, la crisis del ébola costó a los tres países más afectados al menos US$ 2.200 millones en pérdida de crecimiento económico.

Esta cifra representa casi tres veces lo que habría costado crear sistemas de salud capaces de ofrecer el paquete mínimo de servicios sanitarios en estos tres países.

Los sistemas de salud débiles golpean con mayor fuerza a los más pobres y vulnerables. Son quienes suelen tener menos posibilidades de acceder a la atención sanitaria porque no pueden sufragarla o viven demasiado lejos de un centro de salud.

La crisis del ébola en África Occidental fue una llamada de alerta y puso de manifiesto los problemas singulares que se producen en los entornos operativos conflictivos. La salud y el acceso a la atención sanitaria deben ser entendidos como parte de un proceso continuo de desarrollo.

Y las inversiones en sistemas para la salud han de focalizarse teniendo en cuenta dónde se encuentra cada país en dicho proceso continuo de desarrollo.

Las inversiones en programas para el sida, la tuberculosis y la malaria ayudan a crear sistemas de salud más sólidos porque liberan recursos para tratar otras enfermedades. Por ejemplo, en el pasado las personas que sufren enfermedades relacionadas con el sida ocupaban el 90% de todas las camas hospitalarias en sub-África subsahariana. Este porcentaje ha descendido drásticamente. Los ingresos hospitalarios a causa de la malaria también han descendido de forma significativa, lo que ha permitido disponer de espacio hospitalario y profesionales sanitarios para atender otras enfermedades.

Curar a la comunidad

Los 85 millones de personas que conforman la población de Etiopía viven, en su mayoría, en pequeñas comunidades rurales muy dispersas, lo que hace que el acceso a la atención de la salud sea un reto considerable. Sin embargo, el gobierno del país ha construido o mejorado durante la última década 15.000 centros de atención sanitaria en el país, y ahora más del 92% de la población vive a menos de 10 kilómetros de distancia de un centro de salud. El gobierno etíope también puso en marcha el Programa de Divulgación del Servicio Sanitario, a través del cual se ha formado a 37.000 mujeres para que puedan actuar como trabajadoras de divulgación sanitaria en sus comunidades.

Crear sistemas para la salud resistentes y sostenibles

Un sistema de salud resistente y sostenible depende de los datos. Los datos de calidad sobre la salud son esenciales para que los países puedan diseñar y ofrecer los servicios de salud adecuados a las personas adecuadas en el momento adecuado. Los datos permiten que los recursos se empleen de la manera más eficaz. Los sistemas de datos incluyen desde aplicaciones de teléfono móvil para recopilar datos sobre casos de malaria hasta sofisticados sistemas nacionales de notificación y vigilancia de enfermedades.

Otro elemento clave para asegurar la atención de salud es contar con un sistema fiable para la adquisición y entrega de medicamentos y suministros. Las inversiones del Fondo mundial están contribuyendo a que los países mejoren su gestión de la cadena de suministros, reformando para ello la planificación de productos, la gestión logística, el almacenamiento y el seguimiento de la información.

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Invertir en sistemas para la salud resistentes y sostenibles

Unos sistemas más sólidos permiten que más personas accedan a la atención de salud. Los sistemas para la salud no terminan en los centros sanitarios, sino que se adentran en las comunidades y pueden llegar a quienes no siempre acuden a los centros de salud, en especial las poblaciones vulnerables y marginadas. Los sistemas para la salud en los que intervienen las comunidades siempre serán los primeros en detectar, informar y responder a amenazas de emergencia para la salud. Por ello nos centramos en apoyar soluciones a nivel comunitario y la participación de las comunidades siempre que sea posible.

Nuestra estrategia 2017-2022 se centra en las siguientes prioridades relacionadas con los sistemas de salud resistentes:

  • Apoyar estrategias nacionales de salud y planes estratégicos nacionales para el control del VIH, la tuberculosis y la malaria.
  • Centrarse en las personas, no solo en una enfermedad: apoyar la prestación de servicios integrados.
  • Respaldar aspectos concretos de un sistema de salud resistente que sean fundamentales para la misión y las competencias esenciales del Fondo Mundial, como la gestión de la cadena de adquisiciones y suministros, el aseguramiento de la calidad de los programas mediante el empleo de recursos humanos y una gestión sólida de los datos, y la gestión financiera y del riesgo.
  • Recabar y catalizar las innovaciones realizadas en todos los sectores con el fin de conseguir una mayor repercusión y optimización de los recursos.
  • Fomentar y fortalecer las respuestas comunitarias, así como implicar a las comunidades afectadas en la toma de decisiones del país.
  • Apoyar a los países para que aprovechen el financiamiento nacional e internacional en sus sistemas para la salud.
  • Adaptar las inversiones a la fase concreta en la que se encuentre el país a lo largo del proceso continuo de desarrollo, a su sistema de salud y al conjunto de asociados propio de cada país.

Unos sistemas de salud más resistentes permiten que más personas accedan a la atención de salud. Una mejor salud da lugar a economías más fuertes. Entre 2000 y 2011, el 24% del crecimiento de ingresos en países de ingresos bajos y medianos, se debió a mejoras en la salud. Las inversiones en salud tienen un gran efecto.

Más información sobre el suministro y las adquisiciones en la respuesta al sida, la tuberculosis y la malaria.

Sourcing and Procurement

Publicación 15 enero 2017