“Esto tiene que acabarse”: respuesta a la violencia de género en Ciudad del Cabo

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The Global Fund / Alexia Webster

“Cuando me violaron solo pensé que todo mi mundo se estaba desmoronando. Todo se venía abajo”, explica Samara, una mujer trabajadora preparada, de voz suave y madre de tres niños. “Me di cuenta de que no sería capaz de afrontarlo sola”. 

Al igual que otros miles de mujeres que viven en Ciudad del Cabo o sus inmediaciones, Samara (no es su verdadero nombre) llamó al servicio telefónico de ayuda del Rape Crisis Cape Town Trust, una organización no gubernamental cuyas consejeras hablan inglés, xhosa y afrikaans. Pocas horas más tarde, consiguió una cita en la Unidad Forense de Violaciones del Victoria Hospital donde las víctimas que han sobrevivido a la violación son examinadas, tratadas y derivadas para que reciban los cuidados correspondientes. En un pequeño edificio de ladrillo adyacente al hospital la esperaba una consejera de primera respuesta de Rape Crisis y se inició un exhaustivo proceso de atención posterior a la violación.

Consejeras de primera respuesta de Rape Crisis en primera línea de la violencia de género

Las consejeras de primera respuesta del Rape Crisis Cape Town Trust como Nononelelo Mganu han recibido formación para escuchar a las víctimas de violación con compasión y apoyarlas en el proceso médico que deben seguir tras la agresión, incluido el tratamiento preventivo del VIH. Las consejeras tienen cuidado de minimizar el trauma que supone volver a vivir una violación, al tiempo que facilitan los pasos necesarios para proteger a la víctima, y documentan la agresión para presentar una denuncia si así lo decide. Rape Crisis recibe apoyo parcial a través de una subvención que el Fondo Mundial concede a NACOSA.

Como sucede en cualquier país donde la prevalencia del VIH es elevada –más de uno de cada diez sudafricanos es hoy seropositivo– la violación contribuye de manera significativa a la transmisión del VIH. Los ataques sexuales violentos pueden ocasionar daños en la pared vaginal que facilitan la transmisión del virus. Además, el temor a la violencia puede impedir que las mujeres acuerden relaciones sexuales seguras y el uso del preservativo. Se calcula que entre las mujeres jóvenes de Sudáfrica (con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años) aproximadamente una de cada cuatro nuevas infecciones de VIH es consecuencia de alguna forma de violencia.

The Global Fund / Alexia Webster

De modo que en la Unidad Forense del Victoria Hospital, la ayuda que se presta a las víctimas de violación trasciende la atención clínica y psicosocial. Se trata también de una carrera contra el tiempo para procurar que las víctimas seronegativas sean tratadas con profilaxis posterior a la exposición al VIH (PPE), una intervención que puede reducir en un 80% el riesgo de infección. La atención clínica que reciben estas mujeres incluye asimismo el tratamiento de cualesquiera lesiones, tratamiento profiláctico de infecciones de transmisión sexual, prevención del embarazo y derivación para asesoramiento permanente con el fin de prevenir los problemas de salud mental asociados al trauma psicológico no resuelto.

En el caso de que decidieran optar por esa vía, a las víctimas también se las puede apoyar y preparar para los diversos procesos del sistema de justicia penal: presentación de la denuncia ante la policía, recurso a la asistencia jurídica si procede y llevar la causa a los tribunales. A largo plazo, aumentar el acceso a la justicia, desafiar la cultura del silencio y romper el ciclo de impunidad son elementos fundamentales para la recuperación.

La Unidad Forense forma parte de un sistema de centros de atención Thuthuzela, un nombre que significa “consuelo” en lengua xhosa. Es un ejemplo de la colaboración notablemente estrecha entre el personal médico del Departamento de Salud, los agentes especializados del Servicio de la Policía Nacional de Sudáfrica, los fiscales del Ministerio Público y las consejeras de primera respuesta de Rape Crisis.

Cuando la consejera Nono Magano recibe a una víctima en el centro de salud, lo primero que hace es tratar de consolarla. “La mayor parte del tiempo pienso ‘Ojalá pudiera quitarte el dolor que sientes’”, explica ella. “Ojalá pudiera poner mi brazo sobre tu hombro solo hasta que puedas volver a volar por ti misma”. Las consejeras también preparan a las víctimas para el examen médico forense que lleva a cabo un médico o una enfermera para recoger cualquier resto de semen, pelo u otra prueba del cuerpo o la ropa de una persona. Un ‘kit de violación’ para guardar y documentar las pruebas materiales será fundamental en el proceso penal por violación.

La consejera Nono Mganu (derecha) se reúne con otros agentes de primera intervención para tratar los casos recientes y analizar los problemas relacionados.

Al ser la primera persona que atiende a las víctimas de violación como Samara, Nono ha sido formada para escuchar respetuosa y comprensivamente. Y uno de sus objetivos principales es reducir el trauma secundario que implica revivir una experiencia de violación mediante una interacción de asesoramiento aplicada con mucho cuidado y dejando que la víctima dirija la conversación. “Yo no sabía lo que me iba a encontrar”, recuerda Samara. “Pensaba, ‘¿estas personas van a juzgarme por mi pasado o mis errores?’ Fue totalmente lo contrario. Estaban allí para animarme a hablar, no solo para oír lo que tenía que decir sino para escucharme”.

Después de ofrecerles la posibilidad de ducharse y recibir ropa limpia, a las víctimas se les entrega un paquete de asistencia con artículos de higiene y uso personal, que a menudo incluyen mensajes de tranquilidad y apoyo de parte de los voluntarios en la comunidad que se han encargado de preparar las bolsas. Algunos de estos paquetes de atención incluyen también juguetes; si bien la inmensa mayoría de víctimas de violación son mujeres, los coloridos murales de flores y animales que hay en las habitaciones del Centro de Salud Thuthuzela para que resulten acogedoras a los niños son un escalofriante recordatorio de que un número significativo de violaciones tiene a los niños como víctimas.

The Global Fund / Alexia Webster

Con el fin de prevenir o mitigar la violencia de género y prestar apoyo a las víctimas, el Fondo Mundial está aumentando sus inversiones en Sudáfrica y otros países: el nuevo financiamiento asignado al programa de violencia de género de Sudáfrica para 2016-2019 incluye una partida de US$ 11,5 millones para prevenir y responder a la violencia de género, gestionada por el Comunidad Nacional de VIH/sida de Sudáfrica sobre el Sida (NACOSA) y la Fundación para el Sida de Sudáfrica (FSSA). En 2016, el programa de consejeras de Rape Crisis ayudó a más de 2.000 mujeres, con la asistencia del Fondo Mundial y otros asociados y donantes.

Si bien el objetivo principal del programa de violencia de género se centra en las mujeres jóvenes y las niñas, otras poblaciones en riesgo destinatarias del programa incluyen a trabajadores sexuales, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, personas transgénero y personas que viven con enfermedades infecciosas.

Para Samara ya ha pasado suficiente tiempo desde su primera visita como para que al menos tenga información sobre su estado serológico y haya presentado una denuncia contra su esposo. “No estoy buscando venganza por lo que me hizo, por el hecho de haber sido violada”, dice. “Quiero que … esa persona sepa que no volverá a tratar a otra mujer con falta de respeto. Creo que nunca en mi vida había sido tan consciente de quién soy realmente, de lo que de veras quería de la vida y de qué difícil es para nosotras en esta sociedad, en este mundo en el que vivimos, dar un paso al frente, denunciar lo ocurrido y decir: ‘Ya basta, esto tiene que acabarse’”.

Obtenga más información sobre cómo las inversiones del Fondo Mundial están ayudando a mujeres y niñas.

Mujeres y niñas

Publicación 04 abril 2017