Mujeres y niñas

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Las mujeres y las niñas siguen estando afectadas de manera desproporcionada por el VIH, la tuberculosis y la malaria.

El VIH es la principal causa de muerte de mujeres en edad reproductiva en los países de ingresos bajos y medianos. En los países más afectados por la enfermedad, las niñas representan más del 80% de todas las nuevas infecciones en adolescentes. A nivel mundial, las mujeres jóvenes, con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años, son más vulnerables al VIH y presentan tasas de infección dos veces más elevadas que las que se registran en los hombres jóvenes.

La violencia sexual y por cuestiones de género incrementa la vulnerabilidad de las mujeres frente al VIH, y puede provocar problemas en la salud física, mental, sexual, reproductiva y de otra índole.

Aunque por lo general la tuberculosis afecta más a los hombres que a las mujeres, esta enfermedad se encuentra entre las cinco causas principales de muerte en mujeres de 15 a 44 años en países de ingresos bajos y medianos. Como en el caso de la malaria, las mujeres embarazadas son particularmente susceptibles a esta enfermedad, que también puede provocar abortos espontáneos, bebés nacidos con bajo peso o nacimientos prematuros.

Estas vulnerabilidades no hacen sino aumentar debido a la desigualdad de género y la discriminación.

Las intervenciones biomédicas como el acceso a antirretrovirales o preservativos para la prevención, aunque urgentes y necesarias, no reducirán su vulnerabilidad frente al VIH. Solo las transformaciones estructurales de tipo social, político y cultural terminarán con la propagación del VIH.

Una cuestión de circunstancias: la lucha por mantener a las mujeres jóvenes libres de VIH

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Relaciones sexuales a cambio de pescado

Elizabeth Masere, con el ceño fruncido, miró a cámara y contó la historia de su vida con total naturalidad. Habló del duro trabajo que suponía intentar mantener a sus seis hijos vendiendo pescado a orillas del lago Victoria, el mayor lago de África oriental. Habló de los hombres que controlaban la pesca y que explotaban a las mujeres con fines sexuales. A pesar de lo difícil que era reunir dinero, tenerlo no le aseguraba que fuera a conseguir el pescado que necesitaba para vender, explicaba Elisabeth. A la hora de venderle el pescado, los pescadores no le pedían únicamente dinero a cambio, sino también relaciones sexuales.

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Inversiones en mujeres y niñas

Hemos estado aumentando de forma constante nuestras inversiones en programas para las mujeres y las niñas, y hasta 2015, la inversión acumulativa ascendió aproximadamente a US$ 18.000 millones, casi el 60% del gasto total. Esta inversión ha permitido que se haya doblado el número de mujeres que acceden al tratamiento antirretroviral y lo mantienen, pasando del 21% de las personas necesitadas al 53% registrado en 2015.

Un ejemplo de nuestras inversiones en mujeres es ayudar a los países a ampliar los servicios de atención prenatal, especialmente para las mujeres seropositivas. Hasta la fecha, más de 3,6 millones de mujeres han recibido tratamiento para prevenir la transmisión del VIH a sus hijos.

Otras inversiones se centran en la educación, que puede ser un poderoso instrumento para prevenir el VIH en las adolescentes. Según un estudio realizado en Botswana, cada año extra de educación secundaria puede reducir el riesgo de una niña de verse infectada en un 8%.

Nuestro modelo de financiamiento apoya programas diseñados para hacer que las mujeres y las niñas tengan acceso a servicios básicos. En particular, animamos a los países a vincular los servicios de VIH con otros servicios de salud reproductiva, como los destinados a recién nacidos, sus madres y adolescentes.

Las intervenciones que apoyan a chicas adolescentes y mujeres para que accedan a los servicios de salud varían de un país a otro. Por ejemplo, en Afganistán, el Fondo Mundial está invirtiendo en enfermeras comunitarias, apoyándolas para que presten servicios de prevención y atención de la tuberculosis a mujeres que viven en comunidades remotas y que no pueden acudir a los centros de salud sin la escolta de un familiar masculino. En Lesotho, el Fondo Mundial ha invertido en la elaboración de las Directrices Nacionales para la Prevención de la Transmisión Maternoinfantil del VIH, así como en la integración de la salud sexual y reproductiva en los servicios de VIH, de modo que las mujeres puedan beneficiarse de ambos servicios en el mismo lugar.

Pero se necesita hacer mucho más. El Plan de Acción de la Estrategia de Igualdad de Género del Fondo Mundial establece una hoja de ruta para conseguir inversiones estratégicas, de alta repercusión y de transformación de género para prevenir nuevas infecciones y salvar más vidas.

Mujeres y toma de decisiones

El Fondo Mundial apoya firmemente las iniciativas que tienen por objeto abordar las desigualdades de género. Se empieza por un análisis del papel que el género desempeña en las epidemias y en cada contexto de país como una parte obligatoria a incluir en la solicitud de financiamiento. Durante el periodo de asignación 2014-2016, hemos observado una mejora significativa en la forma en que los países han participado en las dinámicas de género de sus epidemias.

Cada vez hay más mujeres que intervienen en el diseño y la ejecución de programas. A nivel de país, el 40% de los responsables de tomar decisiones en los comités de subvenciones son mujeres. Actualmente, los mecanismos de coordinación de país disponen de directrices para aplicar los conocimientos sobre las cuestiones de género y avanzar hacia una representación equitativa de mujeres y hombres en la toma de decisiones relacionadas con el Fondo Mundial.

Renunciar a un medio de vida para salvar vidas

Beatrice Miguoke sabe lo que significa seguir una vocación para salvar vidas. En la década de 1980 se convirtió en la partera tradicional de su aldea. Y durante más de diez años ayudó a cientos de mujeres a dar a luz a sus bebés de forma segura en su casa y con la única ayuda de sus propias manos. Aunque nunca fijó un precio a los partos –insistiendo en que un acto tan especial era incalculable–, obtenía un ingreso razonable gracias a las gratificaciones que las familias felices le ofrecían al marcharse con sus bebés en brazos.

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“Doctoras” itinerantes

Aferrada a su caja de medicamentos, Tibre Desu gira en una curva y enfila por un camino accidentado en dirección a las distantes colinas que se recortan en el horizonte. Acaba de reponer su reserva de material médico en el Work Amba Health Center. Ahora tiene la mente concentrada en el puesto de salud de Dembela, el lugar de trabajo en su aldea situada en la región de Tigray, al norte de Etiopía.

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Algo más que un corte quirúrgico

Lutgard Oketch levantó el dedo y lo utilizó para imitar un pene. Estaba sentada y rodeada de unas tres docenas de hombres, la mayoría de ellos moteros, que conducen mototaxis en Nyanza, en el oeste de Kenya. El trabajo que desempeña se denomina “agente movilizadora de circuncisión” y recorre las aldeas en el condado de Siaya en Nyanza convocando a los hombres que no han sido circuncidados para que adopten esta práctica como una manera de protegerse contra el VIH.

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Publicación 15 noviembre 2016